| Mientras están sanas, nuestras vías respiratorias se limpian a sí mismas. Una capa de mucosa protectora captura cuerpos diminutos extraños (p.
ej. el polvo, el polen o gérmenes) como una red, mientras los pelos diminutos - los cilios - constantemente mueven el moco, junto con los cuerpos extraños, hacia la boca.
De vez en cuando, cuerpos extraños más grandes - como migajas de pan o las gotas de una bebida - penetran en nuestras vías respiratorias. Entonces exigen demasiado a los cilios y a la capa mucosa, por lo que tenemos que toser: tomamos mucho aire en los pulmones, nuestros músculos del pecho de pronto se contraen, y tanto aire como cuerpos extraños son expulsados. De este modo, la tos ayuda a limpiar los bronquios.
La tos también puede ser un síntoma de una infección de nuestras vías respiratorias. Si nuestro sistema inmune es debilitado, los virus o las bacterias pueden alojarse en las vías respiratorias, y para combatirlos se produce moco de más. Este moco es conocido como flema, que es más espeso y pegajoso que el moco normal, y se pega profundamente en nuestros bronquios. El cuerpo es incapaz de eliminar el moco del modo habitual, por lo tanto tratamos de aflojar esta flema con la tos. Si el moco no es expulsado correctamente, este puede aumentar y hacerse cada vez más viscoso. Esto puede conducir a una tos desagradable y molesta, en la cual los cilios son cubiertos de flemas viscosas y son incapaces de mover correctamente el moco de las vías respiratorias.
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